Hay días en que las personas pueden causarte nauseas, esas nauseas que te da el nerviosismo y no el asco. El nerviosismo de no poder entenderlas, de la desesperación por no poder hacer cambiar sus ideas, a tu parecer, erróneas. Hay días en que las personas pueden desilucionarte tanto, que todo lo que se había logrado durante mucho tiempo, con pequeños detalles, con ejemplos de valor, con demostraciones de gran carácter, todo eso, toda esa admiración que puedes tener hacia alguien, ese respeto, y ganas de imitar, se pueden venir abajo con pequeñísimos e insignificantes actos.
Hay días que no puedes entender que cada vida es un mundo diferente, un mundo lleno de pensamientos, de vivencias totalmente diferentes a la tuya, y que cada persona de acuerdo a su vida ha adoptado su propio camino, su propia manera de pensar, no puedes entender que muchas veces no hay manera de cambiar sus defectos, sus errores.
Hay días en que no entiendes que estás lleno de errores, que eres humano y puedes equivocarte cuantas veces te sea necesario, para no volver a errar de nuevo. Hay días en que no entiendes, que puedes aprender de todos, desde el niño más pequeño e inocente que juega sin parar todo el día, hasta aquél anciano de pasos lentos y mirada sabia.
Hay días que no te das cuenta, que este mundo nauseabundo que llamas, que este mundo demacrado que te desiluciona, puede ser diferente, tan sólo con un paso tuyo adelante. Con un pensamiento tuyo hacia el aire. Con la mirada puesta en todo lo bueno. Es tan fácil... pero, aún no puedes entenderlo.
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